Un Premio Nobel a la Crueldad y a la Tortura

Ni arte, ni cultura, sólo tortura.

Aún estoy muy sorprendido y desconcertado que el Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, haya firmado junto a algunas otras personalidades peruanas, un manifiesto en el que apoyan la realización de las corridas de toros en Perú. Personalmente considero a este señor como escritor un buen referente, pero al parecer, lamentablemente esa brillantez que posee en la pluma no la lleva también en el corazón, porque hay que ser muy cobarde y sin sentimientos para apoyar tal salvajismo y defender diciendo:

Las corridas de toros no fomentan una cultura de violencia entre los jóvenes, como se pretende afirmar, sino más bien, valores y capacidades humanas como la valentía, el heroísmo, la superación ante las adversidades, entre muchas otras.

No estaba enterado que el señor Vargas Llosa sufriese de algún tipo de ceguera visual y mental. Sinceramente no comprendo en dónde el señor le encuentra la “valentía”, el “heroísmo” y la “superación”, sabiendo que al noble animal le hacen pasar por todo un calvario antes de salir a la arena, para enfrentar a unos cobardes, sanguinarios, enfermos mentales que portan puyas y espadas de acero, para que le atraviesen y mutilen hasta morir desangrado. Todo esto con la finalidad de alimentar la euforia morbosa de quienes asisten para disfrutar de tal atrocidad.

Seguiré pensando que algunas de sus obras son muy buenas, pero su falta de calidad como persona, su falta de compasión frente a un acto tan aberrante y tortuoso hacia un animal, me deja muchísimo que desear y ahora esa calidad de persona la tengo tirada por los suelos. El hecho de que al señor Mario Vargas Llosa le gusten las corridas de toros, no quiere decir que él tenga la razón o que las corridas de toros sean algo bueno que seguir, eso está definitivamente claro, él no la tiene y no es bueno.

¿Dónde están los valores y las capacidades humanas, Sr. Vargas Llosa?

¿Y su compasión Sr. Vargas Llosa?

Sólo existe la morbosidad de disfrutar de cómo mutilan y desangran a un animal.

Pareciera contradictorio, pero tal vez el estado senil de este señor (que generalmente muestra lucidez), la vida despreocupada que lleva, el hecho de gozar de sus logros a esta altura de su vida, o el reconocimiento internacional que le precede (felizmente a Gandhi no le concedieron algunos de esos Premios Nobel), le han jugado o ya le empiezan a jugar una mala pasada.

Muchas ciudades y algunos países ya han prohibido las corridas de toros y toda forma de abuso contra los animales, gracias a la consulta y voto popular en sus parlamentos, algo que se debe de imitar en los países donde aún se practica este tipo de barbarie, para así poder avanzar un paso más hacia una sociedad civilizada. Sencillamente, no se debe de tomar en cuenta ningún tipo de manifiestos ridículos y falaces, apoyados por algunas personalidades de la sociedad, que precisamente deberían cumplir su rol como referentes para muchos, como ejemplo y de admiración, y no como indeseables sin compasión que creen que pueden influir en los demás sus morbosas aficiones.

Patético, triste y lamentable, pero estas cosas suceden, tarde o temprano las personas se quitan la careta y se muestran realmente tal y como son, y en esta ocasión ha sido una gran decepción.

¡Ninguna ‘tradición’ estará más allá de la razón!

¡NO A LAS CORRIDAS DE TOROS!
¡LA TORTURA NO ES ARTE, NO ES TRADICIÓN, NI MUCHO MENOS CULTURA!

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¿Un torero puede recapacitar?

Una de las noticias que ayer me hizo mucha gracia, pero a la vez me fue un poco reconfortante, es el caso que sucedió en la plaza de toros de México D.F., el torero mexicano de 22 años, Christian Hernández, “recapacitó” con respecto a su afición muy mal elegida. Viéndolo de una forma pintoresca, a favor de él, creo que “en plena arena no le hizo mucha gracia el masacrar al noble animal y decidió retirarse en medio de los silbidos y abucheos de los asistentes”. Pero bueno, es una forma bastante generosa o utópica de interpretar la situación, muchos dicen que “se cagó de miedo” o que es “un tremendo marica”, que lo sea o no, no es lo más importante, el sentir miedo es de lo más natural, todos hemos sentido miedo alguna vez y lo seguiremos haciendo, hasta las propias bestias que serán masacradas en la corrida (y con mucha razón) lo hacen, así que la cosa no va por ese sentido. Pero, queda muy claro que el matador salió huyendo por el miedo a morir y no por compasión al animal.